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El no murió por nosotros para que nos convirtamos en esclavos de hábitos malignos, sino para que nos convirtamos en hijos e hijas de Dios.

Los buenos hábitos y la  salud

Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová. (Jer. 30: 17.)

La mente no se desgasta ni sucumbe tan a menudo por causa del empleo diligente y el estudio constante, como debido a que se comen alimentos inadecuados y en momentos no apropiados, y al descuido de las leyes de la salud... Las horas irregulares para comer y dormir minan las fuerzas mentales. El apóstol Pablo declara que quien quiera tener éxito en su propósito de alcanzar una elevada norma de piedad, debe ser temperante en todas las cosas. El comer, el beber y la vestimenta tienen una influencia directa sobre nuestro progreso espiritual.

La salud es una bendición que pocos aprecian... Muchos comen a toda hora sin considerar las leyes de la salud. Entonces la mente se cubre de lobreguez. ¿Cómo puede el hombre ser honrado con iluminación divina cuando es tan descuidado en sus hábitos, tan desatento a la luz que Dios le ha dado con respecto a estas cosas?... La vida es un cometido sagrado que sólo Dios puede capacitarnos para conservar, y para usar en tal forma que lo glorifique. Pero el que formó esta maravillosa estructura del cuerpo, tendrá especial cuidado de mantenerlo en orden sí el hombre no interfiere en sus propósitos.

La salud, la vida y la felicidad son el resultado de la obediencia a las leyes físicas que gobiernan nuestro cuerpo. Si nuestra voluntad y nuestros métodos están en armonía con la voluntad y los métodos de Dios; si hacemos lo que al Creador le place, él mantendrá el organismo humano en buenas condiciones, y restaurará las facultades morales, mentales y físicas, a fin de poder obrar por medio de nosotros para su gloria... Si cooperamos con él en esta obra, la salud y la felicidad, la paz y la utilidad serán el resultado seguro.

El no murió por nosotros para que nos convirtamos en esclavos de hábitos malignos, sino para que nos convirtamos en hijos e hijas de Dios, sirviéndole a él con cada poder de nuestro ser.
Mis queridos amigos jóvenes, avancen paso a paso, hasta que todos sus hábitos estén en armonía con las leyes de la vida y la salud.

E. G. White